El 26 de febrero se celebró el acto de entrega de premios del cine francés, los premios César.

Golshifteh Farahani
Una de las
participantes, la actriz iraní Golshifteh Farahani, que vive exiliada en
Francia después de fugarse de Irán tras retirarle su gobierno el pasaporte por
aparecer sin velo en algunas entrevistas, aprovechó su paso por el
escenario para denunciar la represión asesina que las autoridades de su país
estaban haciendo contra los manifestantes, algunos de ellos rematados en los
hospitales.
«Recientemente, el régimen ha matado decenas de miles de personas de la manera más brutal. Las cifras sobrepasan lo imaginable. Niños, adolescentes, padres, amigos (…) El pueblo iraní lucha desde hace decenios por su libertad, armado de su coraje y de su cultura, de las más antiguas del mundo».
En la sala se encontraba el director, también iraní, Jafar Panahi, cuya película Un simple accidente, estaba entre las nominadas. Panahi es una víctima del régimen iraní: encarcelado varias veces, se ha visto obligado a rodar furtivamente y ha sufrido una censura constante. En la actualidad pesa sobre él una posible detención, si regresa a Irán, por una condena pendiente a un año de prisión.Solo dos días después, el 28 de febrero, se celebraba la gala de los Goya, en España. Entre los asistentes se encontraba también Jafar Panahi. Su filme había sido nominado en la categoría de mejor película europea, ya que es una producción francesa (igual que una parte de Sirāt, dicho sea de paso).
Es imaginable la sorpresa de Panahi al ver que los cineastas españoles no hacían ninguna referencia a la criminal represión del régimen contra los manifestantes iraníes, que estaba ocurriendo entonces, y centraban unánimemente su discurso en Palestina. Todos con el mismo eslogan, todos con las mismas palabras, todos con la misma chapita como vulgares productos de serie saliendo por la cinta de fabricación de una máquina.

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